Ni con el estómago vacío ni recién comido — la comida previa a entrenar tiene su propia lógica.
Redacción Las Panteras Team
Equipo Las Panteras Team
Salir a entrenar sin haber comido nada, o haber comido demasiado justo antes, son dos de los errores más comunes — y los dos se sienten en el cuerpo durante la carrera.
Como regla general, cuanto más cerca del entrenamiento se come, más liviana y digerible tiene que ser la comida. Para un entrenamiento a primera hora, algo simple 30-45 minutos antes —una banana, un puñado de frutos secos, una tostada con algo dulce— suele alcanzar para tener energía disponible sin sentirse pesado. Si hay más tiempo, dos o tres horas antes, ya entra una comida más completa con carbohidratos, algo de proteína y poca grasa.
La hidratación cuenta desde antes de sentir sed. Llegar bien hidratado al entrenamiento importa tanto como lo que se toma durante, sobre todo en salidas largas o con calor.
Cada corredor tiene su propia tolerancia digestiva, así que probar combinaciones nuevas el día de una carrera importante no es buena idea. Lo que funciona bien se descubre en los entrenamientos, con tiempo, no de un día para el otro.
Después de entrenar, el cuerpo también pide atención: reponer líquidos y sumar algo de proteína y carbohidratos en la primera hora ayuda a recuperarse mejor para el próximo entrenamiento. No hace falta nada complicado — a veces alcanza con la próxima comida normal, bien planificada.